miércoles, 2 de marzo de 2016

Encuentros Casuales (BUATales #1)

Buenas a todos! Hace unas semanas, en Blogueros Unidos Argentina, un chico trajo una excelente idea, muy original por cierto.

Consistía en escribir un cuento, de extensión media ("5 a 7 mil caracteres con espacios", según su definición), sobre algún tema que elijamos. Sea como sea, la idea era remover un poco los engranajes creativos de nuestra cabeza haciéndonos producir, a nosotros que somos tan consumidores de literatura. Me encantó la iniciativa, y obviamente, me metí desde el primer día.

Hoy es el día elegido para que, finalmente, mostremos nuestra primera entrada, así que...aquí los dejo con ella. Una historia...bueno, mejor no digo nada y dejo que ustedes la lean. 






Lucía sale a caminar por la plaza una tarde, típica tarde de sábado, luego de haber almorzado y dormido la siesta. Ve un banco, se sienta y comienza a leer su ejemplar de Por quién doblan las campanas, ella, tan adepta a la literatura inglesa. Tanto, tanto, que el libro que leía estaba escrito en inglés. Varias horas más tarde, cuando la ya escasa luz del día le dificulta la lectura, coloca el señalador en la página, cierra el libro y se dispone a volver.

Allá por la salida del parque (por alguna extraña razón, en Buenos Aires, los parques están enrejados), un chico de cara redonda y ojos azules entrando al parque. Lucía lo mira para no chocarse con él, ya que la entrada, debido a arreglos en la vereda, está reducida. De repente, De pronto, ¡mariposas en la panza! Él también la estaba mirando. Lo logra esquivar con lo justo, sale a la calle y llega a la casa, donde –quizás- planifique la noche, quizás mire una película, como hace todos los sábados.

Dos días más tarde, ya lunes, Lucía en el colectivo, de ida al trabajo. Un chico de cara redonda y ojos azules se sube, en la parada siguiente a la que ella se subió. Tres con veinticinco, le dice al chofer, luego de saludarlo, cortesía que éste no devuelve, tan absorto que está en el tránsito de la mañana. El chico se para al lado del asiento donde está Lucía. Se libera el asiento al lado de ella y el chico, cortésmente, le pide acceso a él. Cruzan unas palabras, más que nada porque Lucía lleva un colgante de piedras verdes. La madre del chico resulta tener uno igual. La charla le sirve a Lucía, al menos, para pasar el tiempo del viaje, que de a ratos se vuelve tedioso por el tráfico. Ambos se bajan en distintas paradas, en el centro.

Jueves. Fila en la verdulería, Lucía está última en la cola. Llega al comercio un chico de cara redonda y ojos azules. Se pone último, como debe ser. La caída de una naranja de la pila que está al lado de ambos sirve de disparador para que surja la charla. Que si sos del barrio, que me crucé alguien igual a vos el otro día, que las manzanas están por las nubes debido a la ola de frío, que tengo que llevar acelga para la tarta, que es muy nutritiva, amo la tarta de acelga, con un par de huevos queda espectacular, y otras confesiones culinarias.

La atienden a Lucía. Lleva las plantas de acelga mencionadas, además de algunas frutas. Cuando sale del local, con alguna excusa de ocasión se queda afuera. Atienden al chico, que lleva un variopinto de frutas y verduras. Compras de la semana, que le dicen. Sale. Ve a Lucía como esperándolo afuera, porque quién va a creerse su excusa, nadie sale de un local y se queda afuera de él. Juntos van hasta el edificio de ella, que resulta estar a media cuadra del de él. En el viaje, risas, charlas sin sentido, miradas cómplices, las mismas mariposas en el estómago que había sentido en el parque. Visiblemente emocionada, Lucía abre la puerta de su edificio y sube hasta su departamento. Le toma varios minutos calmarse.

Una idea parece afirmarse en la cabeza de Lucía. Repasa. El chico del parque no tenía la cara taaaan redonda. No, no puede ser el. Pero si tenía los mismos ojos que éste… Y además era de la misma estatura, ella lo tenía que mirar ligeramente hacia arriba. La altura perfecta para caminar abrazados, piensa. Las imágenes se suceden en la cabeza de Lucía, como una gran telaraña de posibilidades, un gran árbol de probabilidades que se ramifica más y más, pero que en su raíz tiene… al chico del parque. Entre esa maraña de rosas, finalmente, Lucía concilia el sueño.

Ha llegado el domingo. Lucía y el chico de ojos azules y cara redonda van al parque. Ahora Lucía no lleva libros, pero en cambio lleva con ella la emoción de un primer encuentro. Entra al parque, ve a su chico que (tal como habían quedado) lleva un pulóver verde y un par de jeans celestes. Los diez metros que los separan son los diez metros más difíciles de recorrer que jamás ha enfrentado Lucía. Él la mira. Ella tiene la mirada en el pasto, en un árbol, en un pájaro que emprende vuelo, pero no en él. Hasta que es inevitable, lo tiene que mirar para saber adónde está. Su corazón late con tanta fuerza que ella cree tener dentro de su pecho una persona tocando el bombo. Cuando se encuentran, Lucía esquiva el desmayo por milímetros.

Charlan animadamente por un buen rato, con la compañía de un mate que cambia rítmicamente de manos, hasta que se acaba el agua. Luego todo sucede. Lucía lo ve al chico cada vez más cerca, tanto que puede observar sus pestañas y distinguirlas una de otra. El dique que contiene las emociones de Lucía se rompe con un pavoroso estallido, y ahí están los dos, libres y en las nubes…


Finalmente, Lucía y el chico salen del parque, los dedos entrelazados, el paso cadencioso, la levedad de saber que nada de lo que pasa alrededor forma parte de su mundo. Afuera, los autos se agolpan en la avenida, los conductores, entre hastiados y furiosos hacen tocar la bocina o simplemente lanzan imprecaciones. Pero Lucía y el chico de ojos azules y cara redonda no necesitan tocar bocina, ni insultar al aire. Viajan en una nube. Yo los veo alejarse por la vereda, recorriendo un camino en el que no vale correr. Y pienso en que, al fin y al cabo, todos los árboles alguna vez fueron una pequeña semilla.




¿Qué les pareció?


6 comentarios:

  1. Me considero un acérrimo enemigo de la literatura romántica. (Bueno, no es mi género favorito.) Pero tu cuento es una de las grandes excepciones que hago en mis lecturas. La forma en cómo narrás el encuentro de estos dos personajes de manera progresiva y realista, cómo plasmaste y trabajaste los sentimientos de Lucía, y cómo creaste estas dos figuras con las que cualquiera de nosotros podría sentirse identificado.

    El parque, el colectivo, la verdulería. Esos lugares comunes y cotidianos que de pronto se transforman en un punto de encuentro y en la tierra donde crece la semilla de una gran relación.

    Ahora digo lo obvio: tu relato está impecablemente G-E-N-I-A-L. ¡Saludos! ^^

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  2. Okay, si me gusto la manera en que lo relataste, muy facil y rapida de leer.

    Debo admitir que los temas romanticos no son mis favoritos, de verdad que no. Si son de esos super cariñosos donde se estan diciendo "te amo" cada dos paginas. I am sorry, cierro el libro.

    Pero tu cuento pasa mas alla de eso, tal vez por ser un cuento. Pero la manera en que describis cada encuentro me gusta. Me encanto la ultima oración :)

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  3. Como Julián acá, me declaro enemigo del género romántico. Pero admito que me lo leí de un plumazo. En eso ayuda tu estilo escritura que lo hace ágil, disfrutable.

    PD: sos el primero que leo que no mandó tema oscuro.

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  4. A diferencia del resto de los comentarios, a mi me encantan las historias románticas jajajaja, siempre suma el romance para mi. Me encanto tu historia, me encanto esas casualidades que los hicieron encontrarse como si fuera una especie de destino. Bueno no tengo mucho mas para decir. Saludos

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  5. Hola Esteban! Me encantó tu relato, creo que está muy bien escrito. Además debo admitir que es lindo a veces leer sobre Buenos Aires y sentirse como en casa.
    Sin duda tenes una nueva seguidora, saludos!

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  6. Es muy tierno!! Me encantó el tono que empleaste, tiene buen ritmo y cierta simpatía muy irresistible.
    Me encantó!!

    Un abrazote

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