jueves, 10 de diciembre de 2015

Estereotipos: ¿por qué hacemos lo que hacen todos?




Después de mucho tiempo sin postear, y después de la mudanza de blog, vuelvo al ruedo, en esta ocasión como parte de la iniciativa Bloggers Filosóficos. Y esta vez de lo que voy a hablar es de estereotipos y "típicos casos", una cosa que siempre me resultó curiosa.

Aquí va el resultado de mis reflexiones.

Una de las cosas más sorprendentes que nos enteramos a lo largo de la vida es de la existencia de los estereotipos. Sí, los estereotipos. ¿Alguna vez escucharon hablar de “andá a lavar los platos”, “la decoración es para las mujeres”, “los abogados son todos deshonestos” (con esta palabra o cualquier sinónimo, generalmente del lunfardo), o sobre características atribuidas a los homosexuales, personas no iniciadas sexualmente, personas con alguna discapacidad mental, jugadores de fútbol, o cualquier otro grupo de personas? Bueno, entonces están en presencia de los famosos estereotipos.

Es muy conocido que el ser humano tiene necesidad de categorizar, de encasillar todo. De buscar patrones, modelos de comportamiento. La gente tiene aversión al reconocimiento del azar, le es difícil aceptar que un evento ocurrió porque sí, sin ninguna causa aparente. Y esta es una de las principales causas de que aparezcan este tipo de ideas, que casi podrían asociarse al determinismo (la concepción de que todos los eventos que ocurran en el universo son perfectamente predecibles). Ahora, ¿tienen una utilidad los estereotipos, más allá de la causa que los provoca? ¿Son beneficiosos en alguna forma?

El ámbito de la medicina, y el asociado de la psicología, así como algunos otros, particularmente los que se basan en diagnóstico, reconocen en la estereotipación una necesidad. Buscan poder atacar un problema, sin caer en complicaciones que resultarían innecesarias y contraproducentes. Piénsese, por ejemplo, si usted cae en un hospital, y los médicos deben pasarse horas y días estudiando sus síntomas. Casi seguro, a usted le empeoraría su condición. Y ni hablemos de la posibilidad de que esos estudios impliquen experimentos de laboratorio con animales o con otros humanos. ¿Y si hay que hacer eso con cada paciente que entra al hospital? Sería imposible que el establecimiento cumpla su función.

Esto significa que una de las mayores utilidades de los estereotipos (usaré esta palabra ampliamente) es la de poder diagnosticar situaciones. Y esta es una pista clave. Porque permitiría entender de dónde puede haber surgido la necesidad humana de categorizar, de encasillar todo: de una necesidad de supervivencia.

Pensémoslo así. El hombre primitivo, al salir al mundo, necesitó saber, por ejemplo, qué plantas comer. No voy a decir aún de qué animales podía comer, puesto que hay una forma muy simple de determinarlo: cualquier animal que pueda ser matado por el hombre era, en principio, comestible. Pero, con las plantas, es difícil determinarlo, porque éstas están al alcance de la mano y, por esa razón, son altamente disponibles. Entonces, por ejemplo, por prueba y error (seguramente el hombre primitivo no fuera tan elaborado como para realizar experimentos) descubrió que determinadas plantas podían comerse y otras no: éstas causaban malestar, eran venenosas, hacían daño físico (ejemplo: las que tenían espinas y/o pinches) o cualquier otro tipo de contratiempo. Y, claramente, a medida que la experiencia del ser humano iba creciendo, y se iba encontrando con nuevas especies de plantas, había que determinar, antes de comerlas, qué plantas eran comestibles y cuáles no. Porque claro: era cuestión de aprovechar la experiencia de los demás. Y aquí es donde aparece el encasillamiento: las plantas con X característica no se pueden comer. Por ejemplo: las plantas con espinas. O las plantas que hoy llamaríamos “suculentas”. O las que tienen flores amarillas, por dar un ejemplo.

Sin embargo, aún sin necesidad de supervivencia, la gente sigue creando estereotipos. Por ejemplo, los mencionados anteriormente de posiciones políticas, o los relacionados a las actitudes propias de cada género (“las mujeres son expertas en cocina”, “los hombres saben de mecánica de autos” y otros, en los que no es mi intención entrar en polémica), o cualquier otro que al lector se le ocurra. En fin, habrá muchos ejemplos. Las preguntas clave, acá, son dos: a) ¿Por qué se crean? Y b) ¿Por qué la gente los cumple a rajatabla?

Una mirada a la psicología nos brinda una explicación. De acuerdo a la teoría formulada por Abraham Maslow en su Teoría de la motivación humana (el título original, en inglés, es A Theory of Human Motivation), una vez satisfechas las necesidades de supervivencia, las siguientes necesidades a satisfacer son las de afiliación, las de pertenencia a una sociedad. Podríamos verlo como que el ser humano, después de tener asegurada su permanencia con vida, se pone un objetivo mayor. Ya no sólo sobrevivir, sino algo más. Y ese algo más bien podría ser de orden psicológico (es sabido que las relaciones sociales mejoran enormemente la calidad y esperanza de vida de las personas) o puramente biológico (el tan mentado propósito de perpetuar los genes). Sea como sea, el ser humano busca relacionarse.

En este sentido, uno de los mayores miedos de las personas es quedarse solas. A no tener amigos, ni siquiera conocidos. Todos necesitamos alguien a nuestro lado, aunque sea una sola persona. Y en parte los estereotipos sirven a este propósito. Veamos un ejemplo: la gente escucha reggaetón un sábado a la noche cuando sale a divertirse. Pero, ¿cómo se llegó a que el reggaetón sea la música preferida de los sábados a la noche? Debe haber habido alguien que lo haya iniciado. Es innegable, ese estilo de música tiene algo de festivo y, por qué no, refleja en sus letras lo que una gran parte de la gente que sale de noche va a buscar a los lugares donde va. Lo mismo puede decirse, en otras épocas, de la música tropical, la cumbia villera, etc. Pero lo más interesante de esto es que la gente que se inicia en sus salidas nocturnas prefiere el reggaetón por encima de otros estilos de música. ¿Alguien vio a un chico de 14 años salir un sábado y decir “Quiero ir a este boliche, que pasan Beethoven”? Seguro que no (al menos con altísimas probabilidades).

Obviamente, esto es un ejemplo. Pero viene a poner de manifiesto otro de los miedos de las personas, muy relacionado con el de quedarse solas. Es el miedo a ser vistos como un bicho raro, una persona especial. Es sabido que, históricamente, la sociedad no es completamente tolerante ante cosas que se salen de lo establecido, de los eventos que alteran el orden tácito que las personas de un lugar, de un grupo o simplemente que están juntas en un lugar ocasionalmente establecen. Esto se ve con gran crudeza en adolescentes y preadolescentes, sobre todo en el colegio, pero existe en todas las edades. ¿Quién no conoce algún vecino raro, algún habitante de su barrio del que se dicen cosas? Esta falta de tolerancia social hacia lo distinto (que, entre otras cosas, se traduce en relacionar no pocos hábitos y acciones con deficiencias mentales) es un fuerte incentivo a seguir a la masa. Obvio, hay gente que no cumple a rajatabla con lo que todos hacen. Pero en general, la mayoría de la gente suele hacerlo, en una o varias de las actividades de su vida.

Una última razón para que las personas sigan tanto las conductas masivas está, también, relacionada con la supervivencia. Si otras personas hacen una X actividad, entonces X debe ser bueno. Por lo tanto, este sesgo de validación opera fuertemente en las conductas que aprendemos. El caso más taxativo que podemos ver es el de los bebés y niños pequeños: sólo pueden aprender por imitar a los demás, ya que, al menos en un principio, el lenguaje oral no les es comprensible. Ellos van a imitar lo que hagan los más grandes, sobre todo sus padres, porque, aunque inconscientemente, deducen que lo que ellos hacen, y les hizo alcanzar la edad adulta, no puede ser malo. En la edad adulta, el sesgo de validación se manifiesta de otras maneras, como por ejemplo la popularidad de las personas famosas, de las bandas de música, de los escritores de libros, películas, etc. Incluso, en el hecho de que algunos hombres sean más deseables como pareja que otros (¡supervivencia en estado puro!). “Si todos lo hacen, no puede ser malo”.


Así que, al final, los estereotipos existen, se crean y se siguen por una simple cuestión de supervivencia. Tanto física como psicológica. Lo que más me sorprendió fue el tema psicológico, sobre todo siendo yo una persona que siempre trató de no pegarse a ningún lugar común. Siempre miré con recelo la posibilidad de actuar como todo el mundo. Pero qué va a hacer. Es como la frase del estribillo de El revelde, canción de La Renga, que dice “Caminito al costado del mundo/por ahí he de andar buscándome un rumbo/ ser socio de esta sociedad/me puede matar”. Gustos musicales aparte, parece ser que, mientras seamos socios de la sociedad, no moriremos. Por el costado, quién sabe…

3 comentarios:

  1. ¡Hola Esteban! Primero que nada, muchísimas gracias por unirte a participar de la iniciativa, fue un gusto leerte :). Segundo, guau... me dejaste pensando. Yo siempre vi a los estereotipos como una cuestión cultural y social, jamás lo vi o me puse a pensarlo de esta forma y la verdad es que hay muchísima razón. Psicológicamente, los estereotipos tienen una explicación y son naturalmente propios del ser humanos para la supervivencia... qué loco!
    Me gustó tu reflexión filosófica :)

    Saludos,
    Aylu.

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  2. Me llamó la atención eso de que no actualizás seguido. Supongo que no tendrás mucho tiempo o algo por el estilo, pero la verdad esta entrada es perfecta ^^ creo que junto a otra es una de mis favoritas.
    Me encantó el planteo de los estereotipos desde el lado psicológico. Yo siempre vi el encasillamiento como la falta de algo en la otra persona, no sé si me explico. Me refiero a que asumía que psicológicamente los humanos necesitamos encasillas en ciertas categorías a todo e incluso lo hacemos en nosotros mismos, lo que produce que yo asuma que nos falta algo o queremos encubrir algo nuestro encasillando al otro.
    En fin ^^ gracias por hacer esta entrada tan buena y unirte a la iniciativa. Voy a estar poniendo el link junto con las otras participaciones acá http://tiritasdealambree.blogspot.com.ar/2015/12/la-muerte-y-el-mas-alla-blogueros.html
    Un abrazo ^^

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  3. Me super encanto...te quedo genial y aprendi un montón de cosas en 5 segundos jejeje...ya te sigo...espero que actualices seguido me gusto mucho tu blog

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